En los últimos días, el Listín Diario ha puesto sobre la mesa una propuesta que es cónsona con la visión que impulsamos desde el Poder Judicial: la necesidad de fortalecer la cultura del diálogo como camino para construir convivencia y dar respuesta a los desafíos comunes. Aplaudo con entusiasmo esta iniciativa editorial, que llega en un momento en el que nuestra sociedad reclama, con razones legítimas, espacios para escucharse, comprenderse y avanzar juntos.
La administración de justicia ha sido, históricamente, un espacio donde se dirimen diferencias. Esa es su naturaleza y también su grandeza. Pero la experiencia acumulada y los desafíos de nuestro tiempo nos invitan a ensanchar ese horizonte: a entender que la justicia, además de dictar sentencias, está llamada a tender puentes, a propiciar entendimientos y a sostener la armonía social, requisito indispensable para garantizar la dignidad de las personas. Es un tránsito que exige paciencia, diálogo y el aporte de todos los que hacen vida en el sistema.
Cuando el Listín Diario propone fomentar el diálogo en los barrios, está apuntando al corazón del problema: la convivencia. La paz no se decreta, se construye. Y se construye en el día a día, en la resolución de esos conflictos pequeños en apariencia, pero grandes en impacto, que ocurren entre vecinos, en las comunidades y en las familias. Es ahí donde el diálogo se convierte en la herramienta más poderosa para el avance de los derechos.
Desde el Poder Judicial reafirmamos nuestro apoyo a esta propuesta. Nuestra hoja de ruta, el Plan Justicia del Futuro 2034, tiene como pilar central una justicia accesible y centrada en las personas, construida con el aporte de todos: los jueces y servidores judiciales que la sostienen cada día, el foro de abogados, las instituciones del sector justicia, la academia y la ciudadanía. Esa construcción compartida es, en sí misma, una expresión del valor del diálogo: nos recuerda que las mejores soluciones surgen cuando nos sentamos a escuchar antes de decidir.
Esa apuesta por el entendimiento exige, en primer lugar, reconocer y valorar el esfuerzo cotidiano de quienes hacen posible la justicia. Jueces, defensores públicos, fiscales, abogados litigantes, servidores judiciales y profesionales auxiliares trabajan, muchas veces en condiciones complejas, para sostener un sistema que la ciudadanía necesita y demanda. Sus inquietudes, sus señalamientos y sus aportes son insumos legítimos e imprescindibles para una transformación que solo puede hacerse con ellos, nunca sin ellos. Escuchar es, también, una forma de hacer justicia.
El diálogo, además de ser una fortaleza democrática, es el reconocimiento de que ambas partes tienen razón, en una parte de lo que plantean, y de que la convivencia pacífica es el suelo fértil sobre el cual crecen el desarrollo, la confianza institucional y la estabilidad social.
Donde hay voluntad de escucharse, casi siempre hay un acuerdo posible.
Como institución queremos predicar con el ejemplo. Por eso mantenemos las puertas abiertas a toda iniciativa, propuesta o inquietud que aporte a la construcción de una mejor justicia, venga de donde venga. Este Poder Judicial, que es parte integral de la comunidad y se debe a ella, reafirma su disposición al diálogo permanente, a la escucha activa y a la búsqueda conjunta de soluciones, con la serenidad y la buena voluntad que los retos del momento requieren.
Agradezco al Listín Diario por elevar el tono del debate público hacia la convivencia. Convirtamos juntos esa visión en realidad: las instituciones, los profesionales del derecho, los gremios y la ciudadanía. Porque una sociedad que dialoga es una sociedad que progresa, y una justicia que escucha es una justicia que dignifica.
PUBLICADO EN LISTÍN DIARIO
El valor del diálogo: Una cultura del encuentro y el entendimiento


