Sobre Henry

Semblanza de Henry Molina 

Luis Henry Molina Peña (Santo Domingo, 24 de agosto de 1967), conocido públicamente como Henry Molina, es un abogado dominicano con una trayectoria dedicada a la formación de líderes, la transformación institucional y la construcción de confianza.

Su recorrido abarca la justicia, la educación, la sociedad civil, el ejercicio profesional, la consultoría, la política, la gestión pública, el desarrollo económico y las telecomunicaciones. En esos ámbitos ha desarrollado una manera de entender el liderazgo que conecta pensamiento, acción y servicio: comprender los problemas, formar personas, reunir voluntades y conducir cambios. La dignidad humana y la relación entre democracia, instituciones y desarrollo han sido temas constantes de su trabajo.

Hijo de Carmen Miledys Peña Castro y del dirigente sindical Luis Henry Molina, es el segundo de cuatro hermanos. Durante su infancia vivió seis años en Caracas, Venezuela, donde su familia residió debido a la actividad sindical y política de su padre. Creció así en un entorno cercano al sindicalismo socialcristiano latinoamericano, en el que la educación, la organización de los trabajadores y la justicia social formaban parte de la vida cotidiana.

Durante su juventud participó en el Movimiento Estudiantil de Concientización (MEC), de inspiración cristiana y vinculado al sacerdote jesuita Fernando de Arango. Las experiencias de formación y trabajo con jóvenes y comunidades relacionaban la reflexión sobre la realidad con la acción colectiva y contribuyeron a una temprana preocupación por comprender las circunstancias de las personas y organizar esfuerzos para atenderlas y mejorarlas.

Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Su relación profesional con la justicia comenzó a los dieciocho años, como oficinista en el Tribunal Superior de Tierras. Posteriormente trabajó en el Centro Dominicano de Asesorías e Investigaciones Legales (CEDAIL), de la Conferencia del Episcopado Dominicano, y durante seis años en la firma Pellerano & Herrera.

Una beca del Gobierno de Chile le permitió realizar estudios de posgrado en Derecho Constitucional en la Pontificia Universidad Católica de Chile. A su regreso se incorporó a los procesos de reforma de la justicia dominicana como consultor del Banco Mundial para el Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia, institución de la que posteriormente fue director ejecutivo.

En 1998 fue seleccionado mediante concurso público para dirigir la recién creada Escuela Nacional de la Judicatura, responsabilidad que desempeñó hasta 2010. Durante esos doce años participó en la construcción de un modelo orientado a la profesionalización de la carrera judicial y la formación continua. Fue además primer secretario general de la Red Iberoamericana de Escuelas Judiciales y coordinó el proyecto E-Justicia: la justicia en la sociedad del conocimiento, de la Cumbre Judicial Iberoamericana. La Escuela constituyó una experiencia central en su concepción de la formación como parte de los procesos de transformación institucional.

Su actividad educativa se extendió a la docencia en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y la Universidad Iberoamericana. También formó parte de la Junta de Regentes del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), a la que ingresó en 2011 y que presidió durante el período 2018-2019.

Después de concluir su etapa en la Escuela Nacional de la Judicatura, en 2011 se incorporó como socio a una firma de consultoría dedicada al desarrollo estratégico y de negocios de empresas e instituciones. Entre 2012 y 2016 fue viceministro de la Presidencia, con responsabilidades en las relaciones con otros poderes del Estado, la sociedad civil y el sector empresarial. Desde esa posición participó en procesos de diálogo y articulación entre instituciones públicas, gobiernos locales y organizaciones sociales.

Posteriormente dirigió el Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD), donde trabajó en la promoción de exportaciones, la atención a inversionistas y la vinculación entre el Estado y los sectores productivos. En 2018 asumió la presidencia del Consejo Directivo del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL). Estas responsabilidades incorporaron a su experiencia los ámbitos del desarrollo económico, la conectividad y la transformación tecnológica.

En abril de 2019 fue designado por el Consejo Nacional de la Magistratura juez presidente de la Suprema Corte de Justicia, condición de la que deriva la presidencia del Consejo del Poder Judicial. Desde esa responsabilidad ha impulsado cambios en la organización del servicio judicial con la participación del Pleno de la Suprema Corte, el Consejo del Poder Judicial, jueces, juezas, servidores judiciales y otros actores del sistema.

La reducción del retardo judicial ha sido uno de los principales resultados de este período. Entre junio de 2019 y agosto de 2026, la Suprema Corte de Justicia resolvió 65,070 recursos de casación. Al corte de agosto de 2026, los órganos de la Suprema Corte de Justicia no registraban expedientes pendientes de decisión cuyo ingreso fuera anterior a 2024. Al 31 de diciembre de 2025, el 87 % de los tribunales del país se encontraba al día, frente al 30 % registrado al inicio del proceso de puesta al día. Persisten desafíos en jurisdicciones y territorios con mayores niveles de congestión.

La transformación digital ha acompañado ese proceso mediante la implantación del Sistema de Gestión de Casos, el expediente y la firma digital y la ampliación de los servicios judiciales en línea. A agosto de 2026, el 41 % de los trámites judiciales a nivel nacional se canalizaba a través del Portal de Acceso Digital Justicia.gob.do.

La apertura de la información judicial constituye otra dimensión del período. Las políticas de Justicia Abierta y Datos Abiertos dieron lugar a herramientas como el Observatorio del Poder Judicial y la Juristeca, plataforma que, según el balance institucional de 2026, reúne cerca de 700,000 decisiones de la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional y los tribunales del orden judicial. En conjunto, estos procesos han promovido una cultura institucional orientada a superar la mora o retardo judicial y acercar la justicia a las personas.

El Plan Justicia del Futuro 2034 marcó un cambio en la forma de pensar el desarrollo institucional del Poder Judicial. Por primera vez se incorporó una planificación por escenarios con horizonte de diez años, concebida para anticipar distintos futuros y orientar decisiones más allá de una gestión. En esa lógica de continuidad institucional, en 2026 Molina comunicó al Consejo Nacional de la Magistratura su decisión de no procurar un nuevo período al frente de la Suprema Corte de Justicia.

Esa mirada de largo plazo ha estado presente también en otras dimensiones de su trayectoria, marcada por la docencia, la escritura y la reflexión sobre justicia, derechos e institucionalidad. A lo largo de los años ha mantenido un interés constante por la formación de personas, la transformación de instituciones y la construcción de acuerdos. Está casado con Paola Roa y es padre de Guillermo Emilio, Fernando José, Luis Henry y Ana Carolina.

Su experiencia en la justicia, el Gobierno, la academia y el ejercicio profesional ha ido construyendo una perspectiva que vincula dignidad humana, democracia y desarrollo. En ámbitos y responsabilidades distintas, una misma preocupación ha recorrido su trabajo: cómo fortalecer instituciones capaces de generar confianza, reunir voluntades y producir cambios que mejoren la vida de las personas.

 

Biografía

Semblanza de Henry Molina

Luis Henry Molina Peña (Santo Domingo, 24 de agosto de 1967), conocido públicamente como Henry Molina, es un abogado dominicano con una trayectoria dedicada a la formación de líderes, la transformación institucional y la construcción de confianza.

Su recorrido abarca la justicia, la educación, la sociedad civil, el ejercicio profesional, la consultoría, la política, la gestión pública, el desarrollo económico y las telecomunicaciones. En esos ámbitos ha desarrollado una manera de entender el liderazgo que conecta pensamiento, acción y servicio: comprender los problemas, formar personas, reunir voluntades y conducir cambios. La dignidad humana y la relación entre democracia, instituciones y desarrollo han sido temas constantes de su trabajo.

Hijo de Carmen Miledys Peña Castro y del dirigente sindical Luis Henry Molina, es el segundo de cuatro hermanos. Durante su infancia vivió seis años en Caracas, Venezuela, donde su familia residió debido a la actividad sindical y política de su padre. Creció así en un entorno cercano al sindicalismo socialcristiano latinoamericano, en el que la educación, la organización de los trabajadores y la justicia social formaban parte de la vida cotidiana.

Durante su juventud participó en el Movimiento Estudiantil de Concientización (MEC), de inspiración cristiana y vinculado al sacerdote jesuita Fernando de Arango. Las experiencias de formación y trabajo con jóvenes y comunidades relacionaban la reflexión sobre la realidad con la acción colectiva y contribuyeron a una temprana preocupación por comprender las circunstancias de las personas y organizar esfuerzos para atenderlas y mejorarlas.

Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Su relación profesional con la justicia comenzó a los dieciocho años, como oficinista en el Tribunal Superior de Tierras. Posteriormente trabajó en el Centro Dominicano de Asesorías e Investigaciones Legales (CEDAIL), de la Conferencia del Episcopado Dominicano, y durante seis años en la firma Pellerano & Herrera.

Una beca del Gobierno de Chile le permitió realizar estudios de posgrado en Derecho Constitucional en la Pontificia Universidad Católica de Chile. A su regreso se incorporó a los procesos de reforma de la justicia dominicana como consultor del Banco Mundial para el Comisionado de Apoyo a la Reforma y Modernización de la Justicia, institución de la que posteriormente fue director ejecutivo.

En 1998 fue seleccionado mediante concurso público para dirigir la recién creada Escuela Nacional de la Judicatura, responsabilidad que desempeñó hasta 2010. Durante esos doce años participó en la construcción de un modelo orientado a la profesionalización de la carrera judicial y la formación continua. Fue además primer secretario general de la Red Iberoamericana de Escuelas Judiciales y coordinó el proyecto E-Justicia: la justicia en la sociedad del conocimiento, de la Cumbre Judicial Iberoamericana. La Escuela constituyó una experiencia central en su concepción de la formación como parte de los procesos de transformación institucional.

Su actividad educativa se extendió a la docencia en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y la Universidad Iberoamericana. También formó parte de la Junta de Regentes del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), a la que ingresó en 2011 y que presidió durante el período 2018-2019.

Después de concluir su etapa en la Escuela Nacional de la Judicatura, en 2011 se incorporó como socio a una firma de consultoría dedicada al desarrollo estratégico y de negocios de empresas e instituciones. Entre 2012 y 2016 fue viceministro de la Presidencia, con responsabilidades en las relaciones con otros poderes del Estado, la sociedad civil y el sector empresarial. Desde esa posición participó en procesos de diálogo y articulación entre instituciones públicas, gobiernos locales y organizaciones sociales.

Posteriormente dirigió el Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD), donde trabajó en la promoción de exportaciones, la atención a inversionistas y la vinculación entre el Estado y los sectores productivos. En 2018 asumió la presidencia del Consejo Directivo del Instituto Dominicano de las Telecomunicaciones (INDOTEL). Estas responsabilidades incorporaron a su experiencia los ámbitos del desarrollo económico, la conectividad y la transformación tecnológica.

En abril de 2019 fue designado por el Consejo Nacional de la Magistratura juez presidente de la Suprema Corte de Justicia, condición de la que deriva la presidencia del Consejo del Poder Judicial. Desde esa responsabilidad ha impulsado cambios en la organización del servicio judicial con la participación del Pleno de la Suprema Corte, el Consejo del Poder Judicial, jueces, juezas, servidores judiciales y otros actores del sistema.

La reducción del retardo judicial ha sido uno de los principales resultados de este período. Entre junio de 2019 y agosto de 2026, la Suprema Corte de Justicia resolvió 65,070 recursos de casación. Al corte de agosto de 2026, los órganos de la Suprema Corte de Justicia no registraban expedientes pendientes de decisión cuyo ingreso fuera anterior a 2024. Al 31 de diciembre de 2025, el 87 % de los tribunales del país se encontraba al día, frente al 30 % registrado al inicio del proceso de puesta al día. Persisten desafíos en jurisdicciones y territorios con mayores niveles de congestión.

La transformación digital ha acompañado ese proceso mediante la implantación del Sistema de Gestión de Casos, el expediente y la firma digital y la ampliación de los servicios judiciales en línea. A agosto de 2026, el 41 % de los trámites judiciales a nivel nacional se canalizaba a través del Portal de Acceso Digital Justicia.gob.do.

La apertura de la información judicial constituye otra dimensión del período. Las políticas de Justicia Abierta y Datos Abiertos dieron lugar a herramientas como el Observatorio del Poder Judicial y la Juristeca, plataforma que, según el balance institucional de 2026, reúne cerca de 700,000 decisiones de la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional y los tribunales del orden judicial. En conjunto, estos procesos han promovido una cultura institucional orientada a superar la mora o retardo judicial y acercar la justicia a las personas.

El Plan Justicia del Futuro 2034 marcó un cambio en la forma de pensar el desarrollo institucional del Poder Judicial. Por primera vez se incorporó una planificación por escenarios con horizonte de diez años, concebida para anticipar distintos futuros y orientar decisiones más allá de una gestión. En esa lógica de continuidad institucional, en 2026 Molina comunicó al Consejo Nacional de la Magistratura su decisión de no procurar un nuevo período al frente de la Suprema Corte de Justicia.

Esa mirada de largo plazo ha estado presente también en otras dimensiones de su trayectoria, marcada por la docencia, la escritura y la reflexión sobre justicia, derechos e institucionalidad. A lo largo de los años ha mantenido un interés constante por la formación de personas, la transformación de instituciones y la construcción de acuerdos. Está casado con Paola Roa y es padre de Guillermo Emilio, Fernando José, Luis Henry y Ana Carolina.

Su experiencia en la justicia, el Gobierno, la academia y el ejercicio profesional ha ido construyendo una perspectiva que vincula dignidad humana, democracia y desarrollo. En ámbitos y responsabilidades distintas, una misma preocupación ha recorrido su trabajo: cómo fortalecer instituciones capaces de generar confianza, reunir voluntades y producir cambios que mejoren la vida de las personas.

 

Personal
¿Quién es Luis Henry Molina?

Un hombre sencillo, tranquilo e inquieto a la vez. Dedicado a lo que me propongo. Acostumbrado a pensar y relacionarme con la gente desde unos objetivos: que son trabajar, como soy y como puedo, por más justicia en mi país y mejores instituciones para lograrlo.

 

¿Un deseo?

Que todo el mundo tenga derecho a ser feliz y pueda serlo, especialmente mis hijos.

 

¿Un sueño?

Trascender a través del servicio y con ello obtener la aprobación de mis pares, los ciudadanos. Para Viktor Frankl la vida no tiene sentido si tú no puedes tener un sueño más grande que tú y quiero que, al final de mis días, mis hijos se sientan orgullosos de mí.

 

¿Un objetivo?

Dedicar toda mi vida al servicio y que este tenga un impacto positivo en la sociedad y el bienestar común. Cuando me dedico a servir a los demás, encuentro la felicidad.

 

¿Un defecto?

Me distraigo mucho en los detalles.

 

¿Una virtud?

El orden y la sencillez. A los 14 años leí en un libro de Simón Bolívar que la exaltación al esfuerzo es la paciencia, la constancia y el trabajo. Tengo poca paciencia pero la he aprendido, lo demás se convirtió en parte de mi vida desde entonces.

 

¿Una película?

No puedo mencionar solo una, me gustan varias:

  • El violinista en el tejado (1971)
  • El nombre de la Rosa (1986)
  • El padrino (1972)
  • Y Star Wars (1977), toda la saga.
¿Libros que te hayan marcado?
  • Memorias de Adriano, de Yourcenar (1951)
  • La casa del pez que escupe en el agua, de Herrera Luque (1978)
  • Memorias de un cortesano en la Era de Trujillo (1988)
  • Solo cenizas hallarás, de Pedro Vergés (1945)
  • Las novelas de la caña que publicó la Sociedad de Bibliófilos
  • Over (1939)
  • El Terrateniente, Cañas y bueyes (1981), de Ramón Marrero Aristy

Trato de leer un libro por semana, aunque a veces el trabajo no me lo permite.

¿Un lugar?

Playa Cosón o cualquier rincón de este país hermoso donde, acompañado de gente buena o solo, pueda estar en contacto con la grandiosa obra de Dios y las posibilidades constantes de mejorar las condiciones en que vivimos en ella.

¿Grupo de música o cantante?

Los Beatles, me gusta el rock. En español, me gustan Sui generis y Seru Giran, Charly Garcia, Juan Carlos Baglietto, Los abuelos de la nada, Silvio, Pablo, Amaury Perez, Sabina, Juan Luis Guerra, Luis Dias o Franco De Vita. Tambien T.O.T.O., Cat Stevens. The Mammas and the Pappas.

¿Con quién te gustaría o te hubiera gustado tomar un café?

Con Helder Cámara, Arzobispo brasileño defensor de los Derechos Humanos.

¿A quién le rechazarías un café?

Yo creo que conversar para mí es importante. Y conversar con gente que piensa distinto. Me incentiva. Nunca rechazaría un café.

¿Una frase que te motive siempre?

Vivir la intensidad del presente sin perder las perspectivas del futuro.

Hombres que han marcado la vida:

Sin duda mi padre, con su ejemplo y su compromiso con los valores de su credo político y con la representación sindical. Me marcó mucho haber nacido en el seno de su familia en momentos en que pasaron por su vida cosas y personas de las que pude aprender mucho, desde presidentes hasta luchadores clandestinos.

Mi tío Rafael León León, político venezolano. También me marcó mucho la cosmovisión jesuita del padre Arango, el rigor y gran sabiduría del Doctor Pellerano, el don de gente de Subero Isa. Solo puedo trabajar con gente que admiro.

Mujeres que te han marcado:

Mi mamá. Había una conexión y ahora que tiene Alzheimer esa conexión sigue intacta.

Fue fundamental en mi vida. Me enseñó a disfrutar de las cosas buenas. Poco pero bueno. Comer bien. Buena ropa. Se sacrificaba porque tuviéramos esas cosas. Porque vivió una vida de limitaciones.

Mi tía Dina, la esposa de Rafael León León. Decidió que como su esposo estaba en la política, sus hijos iban a ser excepcionales. Y se dedicó a criarlos.

Educación
¿Qué hay de tu formación?

Tuve una formación inicial basada en el método Montessori. En Venezuela estuve en un Colegio Parroquial Público, dirigido por monjas. Ahí hice la Primera Comunión. Tuve una experiencia, en el colegio Don Bosco. La experiencia más frustrante… Siempre estuve en colegios mixtos y ese era de hombres. Luego en el Santísima Trinidad, en ese momento era el colegio de todos los botados. Yo podía ser yo. Era el líder del curso. Paralizaba la escuela…

 

En segundo de bachillerato entré al MEC. El Padre Arango fue a visitar mi casa… Le pregunté por el grupo. Y al otro día estaba tomando una guagua hacia San José de Ocoa. Ahí nos quedamos en el Centro de la Junta de Desarrollo y salimos para Rancho Arriba a construir casas hasta fin de año.

Ahí empezó mi militancia.

 

Tenía la opción de irme a PUCMM, la UNPHU y decidí ir a la UASD. Porque yo quería hacer carrera política.

 

En el MEC hacíamos retiros de Ejercicios Espirituales. Un día hice un retiro con un sacerdote jesuíta llamado Charly García Carrera. Vivía en Capotillo.

 

Tomé la decisión de ir a vivir a un barrio marginado. Hablé con Andrés Navarro y otros amigos. Uno me preguntó si yo estaba loco. Y terminó siendo Andrés. “La esperanza nos mata la alegría” decía una pared frente a la casa. En “Los guandules”. Había una jeepeta gris de la policía muy bonita que le decían “Doña Bella”. Asediaban a los moradores. Andábamos con una mochila y los policías creían que éramos seminaristas. Y los muchachos del barrio iban con nosotros para que no les maltrataran Dure 3 años, fue una gran lección de vida.

 

Estudié Derecho en la UASD. Y luego hice un master en Derecho Constitucional en la Universidad Católica de Chile. Me mantengo leyendo constantemente y actualizando mis conocimientos en distintas áreas del saber que son útiles en mi carrera.