Los títulos acreditan conocimientos. Los juramentos comprometen una vida.
El próximo jueves, una nueva generación de abogadas y abogados prestará juramento ante el Pleno de la Suprema Corte de Justicia. Será una ceremonia breve: unas palabras pronunciadas con solemnidad, una mano levantada, un compromiso asumido públicamente… hay actos que duran apenas unos segundos y obligan durante toda una vida.
Ese es el verdadero significado del juramento. Desde ese instante, el ejercicio del Derecho deja de ser únicamente una profesión para convertirse en una responsabilidad pública.
La sociedad entrega a los abogados algo más valioso que un caso: les confía su libertad, su patrimonio, sus conflictos familiares, sus proyectos y, muchas veces, sus mayores temores. Por eso, la abogacía consiste en defender intereses legítimos y, sobre todo, en hacer posible la convivencia dentro de la ley. Cada juramento fortalece la confianza pública en el Estado de Derecho.
La audiencia solemne del próximo jueves estará dedicada al magistrado Amadeo Modesto Julián Cedano. Su trayectoria representa mucho más que una carrera ejemplar: representa el puente entre dos generaciones de juristas.
Cuando inició su ejercicio profesional, el trabajo jurídico transcurría entre expedientes físicos, bibliotecas y el estudio paciente de los códigos. Quienes hoy ingresan a la profesión lo hacen en un tiempo de expedientes digitales, audiencias virtuales, firma electrónica e inteligencia artificial.
Las herramientas evolucionan. Los principios permanecen.
Durante siglos, el prestigio del abogado descansó, en buena medida, sobre el acceso privilegiado al conocimiento jurídico. Esa realidad está cambiando. La información será cada vez más abundante y accesible. El verdadero valor diferencial será el criterio para interpretarla, la prudencia para aplicarla y la integridad para responder por sus consecuencias.
La inteligencia artificial podrá localizar precedentes, analizar normas, comparar contratos y elaborar borradores con una velocidad extraordinaria. Pero el juramento pertenece a la persona. La responsabilidad moral corresponde a quien decide. Y el honor acompaña únicamente a quien firma.
Cuanto más poderosa sea la tecnología, más imprescindible será el criterio humano.
Ese será, probablemente, el gran desafío ético de esta generación: utilizar herramientas cada vez más capaces preservando aquello que las hace legítimas: la verdad, la independencia, el debido proceso y la dignidad de las personas.
La justicia existe para resolver conflictos y, sobre todo, para hacer posible la confianza: la confianza de que la ley estará por encima de la fuerza; de que quien ejerce poder deberá responder por sus decisiones; de que toda persona será escuchada antes de ser juzgada; de que la dignidad humana será reconocida con independencia de la riqueza, la influencia o la posición social.
Cada sentencia resuelve un caso. Cada abogado íntegro fortalece una institución. Cada actuación ética consolida la confianza pública. Allí donde la confianza crece, también se fortalece la democracia.
Vivimos una época en la que la velocidad suele confundirse con el progreso y la visibilidad con el prestigio. Y, aun en medio de esa transformación, las instituciones siguen edificándose mediante el estudio, la prudencia, la independencia y el servicio.
Por eso, el mejor homenaje que podemos rendir al magistrado Amadeo Julián trasciende el reconocimiento de su trayectoria. Consiste en recordar que las generaciones son juzgadas por los principios que preservan cuando cambian las herramientas.
El próximo jueves veremos unas manos levantarse durante apenas unos segundos. Parecerá un gesto sencillo. En realidad, inaugura una responsabilidad para toda la vida. En ese instante comenzará una promesa que deberá renovarse cada día, en cada consulta, en cada escrito, en cada audiencia y en cada decisión profesional.
Porque los juramentos comienzan cuando se pronuncian y se honran cada día con la vida.
Y quizá, al final de una vida profesional, la mayor aspiración de un abogado pueda resumirse en una sola frase: “las personas confiaron un poco más en la justicia gracias a mi ejercicio responsable del Derecho”.
PUBLICADO EN LISTÍN DIARIO


