La confianza no es una promesa retórica, es el resultado tangible de decisiones íntegras, apegadas a la ley y sometidas al escrutinio público.
Hace algunos años los científicos confirmaron la existencia del bosón de Higgs, un campo invisible en el que las partículas elementales adquieren masa y, con ella, la materia se organiza en átomos y en todo lo que percibimos en el universo.
En la vida en sociedad opera una fuerza equivalente: la confianza. Ella es el elemento invisible que sostiene la cohesión social, blinda la estabilidad de nuestra economía y facilita la convivencia en un Estado de derecho.
Aunque no siempre le ponemos atención, cuando esa fuerza falta su ausencia se siente: la inversión se contrae, los capitales emigran, el turismo se retrae, la informalidad avanza, los conflictos aumentan y las instituciones pierden credibilidad. Sin confianza, el Estado social y democrático de Derecho se vuelve una aspiración.
La confianza, sin embargo, no es un estado natural ni ocurre por accidente. Se construye —y mantiene— día a día, a través de prácticas y decisiones institucionales íntegras, apegadas a la ley y sometidas al escrutinio público. La experiencia comparada y la propia práctica judicial permiten identificar cuatro elementos que resultan fundamentales para lograrla.
El primero es la previsibilidad jurídica. Existe evidencia de que los países que lideran de forma sostenida los índices globales de desarrollo humano —como Dinamarca, Finlandia o Singapur— comparten un rasgo común: el respeto a la ley y a los procedimientos establecidos no es negociable. En ellos ningún interés particular se sitúa por encima del marco normativo.
Cuando un sistema público actúa bajo reglas claras e impersonales, la arbitrariedad se reduce. Esa previsibilidad se traduce en certeza para las personas, certidumbre para las inversiones y garantía de derechos para los sectores más vulnerables. Por el contrario, cuando las normas se flexibilizan o se subordinan a conveniencias circunstanciales, la institucionalidad se erosiona y el costo lo asume la sociedad.
El segundo elemento es la transparencia. La legitimidad de una institución descansa en su capacidad de rendir cuentas con total apertura. Por eso, desde el Poder Judicial hemos asumido que abrirnos al escrutinio ciudadano es, más que una necesidad, una obligación democrática ineludible.
Medir el desempeño institucional no debilita a los poderes públicos: los fortalece. Permite diagnosticar brechas con objetividad técnica, acotar los márgenes de arbitrariedad y fundamentar cada mejora en evidencia verificable. Las instituciones maduras no temen a la mirada ciudadana ni al examen de sus procedimientos; así es como se construye confianza.
El tercer elemento —quizás el más cercano al ciudadano— es la imparcialidad. Detrás de cada expediente existe una vida, una familia o un proyecto esperando ser escuchado y recibir una respuesta clara, equitativa y a tiempo.
La imparcialidad y el apego a la norma son la mayor garantía de igualdad que el Estado puede ofrecer a sus ciudadanos, mientras que la integridad moral de quienes aplican la ley consolida la confianza ciudadana.
El cuarto elemento es la continuidad. Ninguno de los anteriores rinde frutos si se aplica de forma aislada o coyuntural: consolidar la confianza exige una articulación interinstitucional responsable, interoperabilidad técnica y una visión de país que trascienda a cada gestión. Una institución confiable no depende de la voluntad de quien circunstancialmente la dirige, sino de principios convertidos en procedimientos, capacidades y cultura institucional.
Así como el campo de Higgs, invisible pero decisivo, permite que las partículas adquieran masa y den forma al universo, la confianza permite que la sociedad adquiera orden y mantenga su estabilidad. Ninguna de las dos fuerzas se percibe sin esfuerzo, pero ambas se revelan en sus efectos, sobre todo cuando faltan.
Por eso, construir confianza va más allá de una simple proclamación. Requiere coherencia constante entre lo que el Estado dice y lo que efectivamente realiza.
Publicado en Listín Diario


