Encuentro Líderes Sindicales, Confederación Autónoma de Sindicatos Clasistas (CASC)

24 de marzo de 2026

Muy buenas tardes.

Queridos líderes sindicales, amigas y amigos:

Me alegra mucho recibirles.

Siempre es motivo de felicidad compartir con ustedes, porque cada encuentro me hace volver, inevitablemente, a mi niñez y a mi juventud.

Recuerdo sus visitas a mi casa, sus conversaciones con mi padre. Por eso, entre ustedes me siento que estoy en familia.

Permítanme, además, expresar un saludo muy especial a don Gabriel del Río Doñé, presidente de la Confederación Autónoma Sindical Clasista, mi padrino y alguien a quien me une un afecto muy profundo.

A Don Rafael (Pepe) Abreu, presidente de la Confederación Nacional Unidad Sindical, a quien aprecio y respeto profundamente.

Introducción

Hoy quiero hablarles no solo como juez, sino también como ciudadano, como hijo, como esposo y como padre.

Porque al final, la dignidad humana no se aprende en los tribunales. Se aprende primero en la familia, se fortalece en la comunidad, y luego se defiende en las instituciones.

Y en ese recorrido, defender los derechos de quienes impulsan la economía: los trabajadores, ocupa un lugar central.

El trabajo además de un medio de subsistencia es una expresión de dignidad.

Es el espacio donde se construyen proyectos de vida, donde se sostiene la familia y donde se afirma el valor de cada persona en la sociedad.

Por eso, cuando hablamos de justicia, hablamos también de ustedes.

Ustedes representan una tradición que ha sido fundamental en la historia democrática del país: la organización, la defensa de derechos, la búsqueda de condiciones más justas y el compromiso con el bien común.

Y permítanme decirlo desde lo más personal. Esa historia también forma parte de mi vida.

Mi padre fue un hombre profundamente vinculado al mundo sindical. Un líder socialcristiano que entendió que, al final, todo se trataba de las personas.

De él aprendí que los derechos se defienden con firmeza, pero también con responsabilidad. Que el liderazgo no se impone, se construye.

Y algo que me ha acompañado siempre: que las instituciones tienen sentido cuando sirven, y que servir implica escuchar, comprender y actuar con integridad.

Ese legado es una guía. Va más allá de un lugar en el recuerdo.

Y es parte de lo que hoy estamos haciendo desde el Poder Judicial.

Diagnóstico: ¿Qué encontramos?

Cuando iniciamos esta gestión, hicimos algo muy sencillo, pero muy importante: decidimos mirar la realidad con honestidad.

Y la verdad era dura.

Teníamos una justicia con mora acumulada durante años, con expedientes que se arrastraban por décadas, y con una percepción de distancia entre las instituciones y las personas.

Y todos sabemos algo que es esencial: una justicia que llega tarde se parece demasiado a la injusticia.

Pero más allá de los números, lo verdaderamente importante era esto: detrás de cada expediente hay personas.

Un trabajador esperando sus prestaciones. Una familia en incertidumbre. Un derecho desprotegido.

También había un problema serio de confianza. Y sin confianza, ninguna institución puede cumplir su misión.

Transformación y logros

Frente a esa realidad entendimos que no bastaba con administrar. Había que transformar… y entonces decidimos actuar.

Y hoy, con humildad, podemos decir que hemos avanzado.

Eliminamos la mora histórica de la Suprema Corte de Justicia y estamos resolviendo la gran mayoría de los casos cada año en los demás tribunales.

Pero más importante que el dato es su significado: tiempo devuelto a la gente, tranquilidad para las familias, y seguridad jurídica para la sociedad.

También hemos trabajado de manera decidida en transparencia.

Ya los trabajadores pueden realizar sus trámites, dar seguimiento a sus casos y ver las decisiones de los tribunales desde su hogar o trabajo, sin filas ni traslados.

Creemos que la justicia debe poder verse, entenderse y evaluarse. Porque la credibilidad no se proclama… se construye con hechos.

Desafíos Pendientes y Resolución Alterna de Conflictos

Ahora bien, también quiero hablarles con franqueza.

Todavía tenemos desafíos importantes.

Y uno de ellos está en cómo abordamos los conflictos para mejorar la convivencia social.

Sabemos que muchos procesos pueden ser largos, costosos, y emocionalmente desgastantes.

Por eso necesitamos una justicia más ágil, pero también más humana.

Una justicia que promueva el diálogo, la mediación, la conciliación.

Y aquí hay un punto de encuentro fundamental con ustedes.

Ustedes conocen el valor del diálogo. Saben lo que significa construir acuerdos.

Saben que una sociedad se sostiene, sobre todo, en su capacidad de entendimiento.

Visión a futuro

Esa es la visión que queremos consolidar hacia adelante.

Por eso hemos impulsado el Plan Justicia del Futuro 2034.

No como un proyecto más, sino como una política de Estado.

Una visión de largo plazo para construir una justicia al día, cercana a la gente, garante de la dignidad, la igualdad y la libertad de las personas.

Una justicia que entienda el valor del trabajo, que proteja los derechos laborales, y que contribuya a la paz social.

Una justicia que no solo resuelva conflictos, sino que ayude a prevenirlos.

Cierre

Estimados amigos,

Este proceso no se puede construir en soledad.

Necesitamos diálogo. Necesitamos confianza. Necesitamos alianzas. Y ustedes son parte esencial de ese camino.

Porque la justicia no puede construirse de espaldas al mundo laboral.

Y tampoco puede hacerlo sin escuchar a quienes representan a los trabajadores.

Por eso este encuentro es un espacio para acercarnos, para escucharnos, y para construir juntos.

Permítanme cerrar con una idea sencilla, pero profunda:

Al final, todo se trata de las personas.

Esa fue la enseñanza de la generación de mi padre.

Esa es la responsabilidad de la nuestra.

Y esa es la razón de ser de la justicia.

Muchas gracias.

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