Palabras de clausura "LIDERAZGO Y PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN EL PODER JUDICIAL Y LA SOCIEDAD”.
SALUDO Y APERTURA
Buenos días a todas y todos. Es un honor acompañarlas en este día tan especial.
Con estas palabras concluimos una mañana llena de emociones y merecidos reconocimientos.
Una jornada que, gracias al liderazgo de la magistrada Nancy Salcedo y su equipo, nos ha permitido celebrar a las mujeres que florecen.
Hoy confirmamos que este galardón no es un simple acto protocolar. Es la afirmación de nuestra identidad institucional.
Y de que el mérito, la ética y la excelencia son la columna vertebral del servicio judicial.
En este Día Internacional de la Mujer, celebramos la fuerza y la inteligencia de la mujer dominicana con una convicción clara: la participación y el liderazgo de las mujeres elevan la calidad de la justicia y fortalecen nuestra democracia.
LA MUJER COMO EJE DE JUSTICIA Y LA DEMOCRACIA
La contribución femenina ha sido decisiva en nuestra historia nacional.
En el hogar y en la comunidad, ustedes siembran valores fundamentales. Respeto. Equidad. Disciplina. Responsabilidad.
Esos son, exactamente, los mismos valores que el Poder Judicial tiene la misión de proteger: la dignidad de las personas y la igualdad ante la ley.
Por eso, en nuestro sistema de justicia, la presencia de la mujer no es decorativa. Es esencial.
Ustedes aportan rigor técnico. Aportan compromiso. Y aportan una ética del cuidado que humaniza el servicio público, sin restarle un ápice de firmeza.
A lo largo de mi trayectoria liderando equipos, he comprobado una verdad institucional: donde hay igualdad real de oportunidades, la excelencia es la norma.
No aceptamos que la mujer sea una cuota que hay que cumplir ni un requisito para aparentar equidad. Nuestro compromiso es garantizar que las mujeres tengan voz, voto y liderazgo en las decisiones que definen el rumbo del país.
Cuando las mujeres participan plenamente, nuestras instituciones encuentran el equilibrio necesario para que los procesos fluyan con integridad.
Esta fuerza transformadora no es una aspiración a futuro. Es nuestra realidad presente. Hoy, el Poder Judicial de la República Dominicana tiene rostro de mujer.
El 64% de nuestra institución está compuesta por mujeres. El sesenta y cuatro por ciento.
Son ustedes quienes sostienen la balanza de la justicia. Día tras día. Con carácter, con profesionalismo, con su entrega.
Porque cuando una mujer crece en nuestra institución, no lo hace sola: florece y transforma realidades, abriendo caminos de dignidad para quienes vendrán después.
RECONOCIMIENTO, LEGADO Y EL RETO DEL TECHO DE CRISTAL
A quienes han sido premiadas hoy en los renglones de Servicio Jurisdiccional, Administrativo, Apoyo Institucional y Acervo Judicial, les reitero mi más profunda admiración.
Hoy también reconocemos nuestra memoria institucional, a las juezas en retiro y a quienes honramos de forma póstuma:
La Magda. Margarita Tavares, quien se destacó por su integridad y compromiso institucional en la primera sala de la Suprema Corte de Justicia.
Nuestra querida doña Grimilda Acosta De Subero, quien impactó de manera positiva el servicio de justicia, con su trato afable a las personas usuarias.
La Magda. Marcelina Hernández, cuya labor en favor de los más vulnerables siempre será recordada.
Ellas dejaron un legado ético que es el cimiento sobre el que estamos construyendo y se sustentarán las futuras generaciones.
Sus nombres se suman a una larga historia de valentía. Al recorrer nuestra exposición de Pioneras, recordamos, por ejemplo, a María Baltasara de los Reyes, nuestra primera mujer soldado. A Socorro Sánchez, pionera del periodismo. Y a Altagracia Mélida Frómeta, quien en 1956 rompió barreras como la primera jueza de la República.
Ellas abrieron camino cuando todo estaba en contra. Rompieron los techos de su época para que hoy ustedes ejerzan sus derechos con autoridad.
Sin embargo, debemos hablar con franqueza institucional. Ese techo de cristal aún no ha desaparecido.
Persisten barreras —a veces visibles, a veces silenciosas— que dificultan el acceso de las mujeres, en igualdad de condiciones, a los niveles más altos de decisión. Incluyendo el acceso a la Suprema Corte de Justicia.
Por eso, el reconocimiento de hoy traza una ruta obligatoria hacia el futuro. Esa ruta se llama paridad.
La paridad no es un gesto; es un principio democrático innegociable. Debe orientar nuestra conducción institucional.
Debe reflejarse en los puestos de dirección del Poder Judicial. En la composición de todos los tribunales. Y, de manera muy especial, en la integración de la Suprema Corte de Justicia.
Una justicia verdaderamente moderna y representativa solo se construye con un liderazgo compartido y equilibrado.
En esta búsqueda de excelencia, agradecemos hoy la presencia de dos grandes referentes que honran a nuestro país: la Dra. Kathleen Martínez y la Dra. Ylonka Nacidit-Perdomo.
Su determinación y su firmeza intelectual cruzan fronteras, rescatan nuestra memoria y nos recuerdan que el talento femenino transforma la historia. Su ejemplo es un espejo para cada servidora judicial.
CIERRE: COMPROMISO CON EL FUTURO
A cada una de ustedes: siéntanse orgullosas. Pertenecen a una institución que las necesita, que las valora y que apuesta por su crecimiento.
Que este premio no sea solo un aplauso. Que sea el impulso renovado para seguir rompiendo techos de cristal.
Al inicio recordábamos la frase de Aída Cartagena Portalatín sobre la “presencia activa” de la mujer. Hoy, esa presencia activa es el motor que sostiene nuestro sistema.
Sigamos trabajando por una justicia con rostro de mujer y por la paridad como expresión de una justicia verdaderamente representativa.
Porque cuando las mujeres florecen en la justicia, florece también la democracia.
Muchas felicidades.


