Palabras de apertura
“Justicia, dignidad y esperanza: Siete años de transformación en el Poder Judicial”
APERTURA
Muy buenos días a todos.
Permítanme comenzar con una breve cita de las Escrituras:
“Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno…”
“y qué pide Jehová de ti:”
“hacer justicia…”
“amar misericordia…”
“y humillarte ante tu Dios.”
(Miqueas 6:8)
Si tuviera que resumir en una sola idea el sentido profundo de lo que debemos hacer en el poder Judicial, probablemente no encontraría una mejor que esta:
“hacer justicia, sin perder la humanidad”.
Porque, al final, una justicia que no escucha, que no comprende y que no llega a tiempo… puede cumplir con la forma, pero falla en lo esencial.
Y por eso, nosotros hemos asumido una convicción muy clara:
“la justicia solo tiene sentido cuando protege la dignidad humana”.
SALUTACIONES
De verdad, es un honor compartir con todos ustedes.
Esta es la casa de la justicia dominicana, pero también debe ser una casa abierta, cercana, donde podamos escucharnos.
Gracias por estar aquí.
Gracias por lo que ustedes hacen todos los días.
Porque ustedes están donde muchas veces el Estado llega tarde…
En estos lugares la comunidad de fe ya está presente.
Acompañan a las familias.
Orientan a los jóvenes.
Levantan al que ha caído.
Y eso es fundamental para la paz social.
INTRODUCCIÓN: LA JUSTICIA, LA DIGNIDAD Y LA FAMILIA
Hoy quiero hablarles no solo como juez…sino también como ciudadano, como esposo y como padre.
Porque al final, la dignidad humana no se aprende en los tribunales.
Se aprende primero en la familia,
se fortalece en la comunidad,
y luego se defiende en las instituciones.
Cuando iniciamos esta gestión, hicimos algo muy sencillo, pero muy importante:
decidimos mirar la realidad con honestidad.
Y la verdad era dura.
Teníamos una justicia con mucha mora, con expedientes acumulados durante décadas.
Y todos sabemos algo:
“una justicia que llega tarde
se parece demasiado a la injusticia”.
Pero lo más importante no eran los números.
Detrás de cada expediente había personas:
familias en incertidumbre,
derechos en espera,
vidas en pausa.
Y además, había un problema serio de confianza.
Y sin confianza… ninguna institución puede cumplir su misión.
Frente a eso, entendimos que no bastaba con administrar.
Había que transformar.
Y hoy, con humildad, podemos decir que hemos avanzado.
En la Suprema Corte de Justicia pasamos de fallar apenas el 10 % de los casos…
a resolver cerca del 90 % cada año.
Pero más que un dato, esto significa algo muy concreto:
tiempo devuelto a la gente, paz para las familias, y seguridad jurídica para la sociedad.
Hoy, un caso civil o comercial puede resolverse en alrededor de 12 meses.
Y cuando la justicia responde a tiempo, protege mejor los derechos.
También hemos trabajado mucho en transparencia.
Hoy, a través de Juristeca, más de 450,000 decisiones están disponibles en línea.
Porque nosotros creemos en algo muy simple:
la justicia debe poder verse, entenderse y evaluarse.
Y por eso hemos alcanzado el 100 % en el índice de transparencia.
Porque “la credibilidad no se dice…se construye”.
Ahora bien, también quiero hablarles con franqueza.
Todavía tenemos desafíos importantes.
Uno de los principales está en la justicia penal.
Hoy, la cantidad de casos que llega a juicio supera la capacidad del sistema.
Y aquí hay que decir algo con claridad:
no todos los conflictos necesitan un proceso largo para resolverse.
Necesitamos una justicia más ágil…
pero también más humana.
Una justicia que incorpore la mediación, la conciliación,
y soluciones restaurativas cuando la ley lo permita.
Porque hay situaciones en las que “no solo necesitamos sanción…
necesitamos también reparación, reconciliación y oportunidad de cambio”.
Y aquí hay un punto de encuentro muy importante con ustedes.
Ustedes conocen el valor de la restauración.
Saben lo que significa una segunda oportunidad.
Y saben también que
“una sociedad no se sostiene solo castigando,
sino ayudando a reconstruir”.
Esa es la visión que queremos consolidar hacia adelante.
Por eso hemos diseñado Justicia del Futuro 2034.
No como un proyecto más,
sino como una política de Estado.
Porque no queremos avances momentáneos.
Queremos bases firmes.
Queremos una justicia:
centrada en la dignidad humana,
cercana a la gente,
y comprometida con la paz social.
Una justicia que proteja a la familia
y fortalezca la convivencia.
Los resultados comienzan a verse.
En 2025, el país registró el mayor avance del mundo en el Índice de Estado de Derecho.
Eso nos alegra…
pero también nos compromete.
Porque avanzar significa también
no retroceder.
CIERRE:
Estimados pastores y líderes,
Ustedes saben bien que las grandes obras no se construyen de un día para otro.
Se construyen con visión,
con perseverancia
y con fe en el propósito.
Así estamos trabajando.
Y por eso queremos que ustedes sean parte de este proceso.
Queremos que sean aliados.
Les invito personalmente a acompañarnos del 9 al 11 de abril en la Conferencia del Poder Judicial.
Será un espacio para dialogar,
para escucharnos
y para seguir construyendo juntos.
Y permítanme pedirles algo, con mucha sinceridad:
sus oraciones,
su sabiduría
y su voz en las comunidades.
Porque cuando la justicia funciona,
la paz social se fortalece.
Cuando la dignidad se protege,
la familia encuentra respaldo.
Y cuando las instituciones cumplen su deber,
la nación camina con esperanza.
Permítanme cerrar con esta idea:
El desarrollo económico puede levantar estructuras…
pero “la dignidad humana y la familia son el alma de una nación”.
“Y la justicia existe, precisamente, para proteger esa alma”.
Ese es el compromiso que nos reúne.
Ese es el pacto de servicio que queremos honrar.
Y esa es la promesa que estamos decididos a cumplir.
Muchas gracias.
Que Dios les bendiga.


