El alto honor de servir a la justicia

19 de octubre de 2026

Siempre he creído que una de las formas más nobles de darle sentido a la vida es servir a los demás. Por eso, desde joven traté de dedicar mi tiempo a causas que me permitieran ayudar a otros. Fue el ejemplo que recibí en mi hogar y es el legado que quiero dejar a mis hijos. Conocer de cerca las necesidades sociales de mi país me motivó a querer servir en grande, desde espacios donde el esfuerzo cotidiano pudiera transformar la vida colectiva.

Este anhelo, sumado al ejemplo de personas que impactaron mi vida, forjó mi carácter y el ímpetu que guía mis pasos. Uno de mis grandes maestros fue el doctor Juan Manuel Pellerano Gómez, en cuya oficina inicié mi carrera profesional. Nunca olvidaré cuando me dijo: «Henry, no soy el más inteligente; soy el más constante, el más paciente y el más trabajador». Esa lección me ha acompañado toda la vida, por lo que siempre la recordaré con gratitud.

Estos años al servicio de mi país me han enseñado que pocas cosas son tan reconfortantes como la satisfacción del deber cumplido. Saber que diste lo mejor de ti y que lograste sacar lo mejor de otros es, en sí mismo, un gran logro. Pero cuando esto se hace para contribuir al desarrollo de la nación, fortalecer las instituciones y ayudar a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad, el trabajo supera la satisfacción profesional para elevarse a la trascendencia.

Esa conciencia guió la transformación del Poder Judicial durante estos siete años en los que tuve el honor de presidir la Suprema Corte de Justicia. Enfrentar la mora, ampliar el acceso y desarrollar los servicios digitales respondió a la obligación de ofrecer mejores condiciones para hacer efectivos los derechos. Durante este período, esta alta corte resolvió más de 63 mil recursos de casación y, al cierre de 2025, el 87 % de los tribunales se encontraba al día. Asimismo, herramientas como el expediente electrónico, las audiencias virtuales y la firma digital acercaron la justicia a la gente.

Recuerdo a una joven abogada a la que un accidente le arrebató su movilidad y, con ella, la posibilidad de ejercer. Durante la pasada Conferencia del Poder Judicial nos relató que, gracias a los medios digitales, pudo regresar a la profesión que amaba y garantizar el sustento de su familia. Su testimonio explica el sentido de la innovación pública: eliminar barreras y abrir posibilidades en la vida de las personas.

Durante estos años, la República Dominicana avanzó veinte posiciones en el Índice de Estado de Derecho del World Justice Project, un progreso al que contribuyeron los esfuerzos de transformación judicial. A su vez, el más reciente estudio de la OCDE sitúa a nuestro Poder Judicial con un desempeño que se acerca al de sus países miembros en materia de normas y prácticas de integridad.

Aunque toda obra humana es perfectible, me llena de orgullo lo que pudimos lograr. Agradezco a las juezas, jueces, servidores judiciales y a todos los que hicieron posible este cambio. Siempre he creído que las transformaciones verdaderas son aquellas que permanecen más allá de quienes las impulsan. Lo importante no es solo lo que hicimos durante estos años, sino lo que la institución queda en condiciones de seguir haciendo por las personas. 

Queda camino por recorrer, y el Plan Justicia del Futuro 2034 traza el horizonte para que las próximas autoridades y las nuevas generaciones de jueces y abogados continúen mejorando el servicio con constancia y lealtad procesal.

Hoy, al mirar en retrospectiva mi paso por la judicatura, experimento la gratitud del deber cumplido y el alto honor de haber servido a una institución fundamental para nuestra democracia. Ahora comienza una nueva etapa de mi vida. Cambiarán las responsabilidades y los espacios desde los cuales pueda contribuir, pero permanecerá intacta mi vocación de servir a la República Dominicana. Seguiré aportando con la misma constancia que me enseñó mi maestro, movido por la visión irrenunciable de construir un país próspero, institucionalmente fuerte y desarrollado.

Esta noche, al regresar a casa junto a mi esposa y mis hijos, podré descansar con tranquilidad, revestido de la paz mental que otorga el haber dado lo mejor de mí al servicio de la República, del bienestar de nuestra sociedad y de la dignidad de las personas.

Publicado en Listín Diario

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