Consagración a la sociedad, a través del Derecho

9 de noviembre de 2019

Transitar temprano por la ciudad y observar a la gente, peatones y conductores agitados, niñas y niños cargando o arrastrando sus mochilas hacia sus centros de estudios, es un ejercicio que a menudo me evoca esta alta responsabilidad que atañe al Derecho.

Adultos, jóvenes e infantes que avanzan por las calles cargados de sueños, aspiraciones, pero también de necesidades y preocupaciones, configuran el perfil de una sociedad que trabaja por metas de progreso y desarrollo y demanda el amparo de autoridades y actores sociales.

En múltiples ocasiones he manifestado mi criterio de que ejercer el Derecho con convicción y constancia adquiere el poder intrínseco y a la vez la obligación de proteger a las personas.

El pasado miércoles, encabezando el Pleno de la Suprema Corte de Justicia, me correspondió tomar juramento a 274 abogados y abogadas que a partir de ese momento quedaron autorizados para ejercer su profesión en los tribunales de la República.

En el Poder Judicial dedicamos el acto de juramentación a la Dra. Adalgisa Santana Marcano, una jueza ejemplar fallecida el 30 de marzo de este año, que fue la primera presidenta de la Corte de Apelación de Niños, Niñas y Adolescentes del Distrito Nacional.

La magistrada Santana Marcano se consagró a procurar la felicidad de la niñez. Sí, la felicidad, porque cada vez que desde nuestro rol aplicamos los principios del Derecho velamos por el bienestar de la persona, a través del reconocimiento y garantía de sus derechos fundamentales y de su integridad física y emocional.

Pero esta mujer, de firmes convicciones morales y conciencia ciudadana, no se limitaba a conocer con ética y carácter los procesos asignados a su tribunal, como le ordenaban la Constitución y las leyes, sino que, sabiéndose parte de una sociedad que demanda el celo constante por su buen desarrollo, se esforzaba por esas personas de baja estatura, necesitadas de protección.

Se entregó a trabajar en favor de niños, niñas y adolescentes en El Seibo, donde fue directora del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Hay suficientes testimonios de que ponía especial atención en lograr que los menores de edad que estaban bajo su protección y que estaban desnutridos se recuperaran, y expresaba gran satisfacción y alegría cuando estos cambiaban el semblante y rebasaban su cuadro clínico.

La doctora Adalgisa Santana Marcano fue una mujer de leyes que supo empujar el Derecho como sostén altruista de la construcción social, poniendo como usufructuaria de su trabajo a la persona, con sus prerrogativas legales y constitucionales, pero también con sus vivencias y anhelos.

Desde la tribuna que nos corresponda, el ejercicio del Derecho nos compromete con la defensa firme de los principios del bien común, la seguridad y la justicia para las personas, tal como lo hizo la magistrada Santana Marcano.

 No podemos quedarnos indiferentes, debemos participar del concierto de quienes empujan para la evolución del Derecho y la Justicia, vivir la pasión por el trabajo, trabajo que forjará un mejor país, si hacemos lo que está en nuestras manos para lograrlo.

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