"La Justicia como Pilar de la Patria: Un compromiso con la Nación"
Miércoles 25 de febrero 2026
APERTURA
Hoy nos reunimos como dominicanas y dominicanos, en este clima fresco de febrero, mes en que la Patria se hace aliento y nuestra identidad se viste de gala.
Nos convoca nuestra amada Bandera Nacional, símbolo sagrado de nuestra soberanía y de la alegría que nos caracteriza como pueblo.
Pero, sobre todo, nos reúne la memoria agradecida hacia un hombre cuyo valor resonó como un trueno en la Puerta de la Misericordia, marcando la hora cero de nuestra libertad: el General Ramón Matías Mella.
INTRODUCCIÓN: LO QUE CELEBRAMOS
Hoy, al conmemorarse el 210 aniversario de su nacimiento, la República se detiene a reflexionar sobre el significado del sacrificio.
Mella no solo fue el estratega del "trabucazo" libertador; fue el hombre de acción que comprendió que la libertad no se mendiga, se conquista con determinación y se sostiene con institucionalidad.
Junto a Juan Pablo Duarte, el visionario cuya pureza de pensamiento diseñó los cimientos morales de nuestra nación, y Francisco del Rosario Sánchez, cuya entrega total en el altar de la patria selló nuestro destino, Mella completa esa trinidad de luz que guía nuestro camino.
Si Duarte fue el alma y Sánchez fue la voz, Mella fue el brazo firme que ejecutó el sueño de una nación libre de toda potencia extranjera.
LA BANDERA Y EL ESCUDO
Al observar nuestra Bandera ondear en este cielo azul, vemos en ella la síntesis de nuestra historia.
Sus colores no son simples pigmentos; son mandatos éticos. El azul ultramar nos recuerda el cielo que protege la patria y las aspiraciones de progreso de un pueblo que nunca se rinde.
El rojo bermellón nos habla del sacrificio, de la sangre de los mártires que, como Mella, estuvieron dispuestos a darlo todo para que hoy nosotros podamos llamarnos ciudadanos dominicanos.
Y el blanco de la cruz, que abraza y une los cuatro cuarteles, es el símbolo de la paz, de la unidad y del compromiso de hermandad que debe reinar entre nosotros.
En el centro de esa cruz, reposa nuestro Escudo Nacional. Es el único escudo en el mundo que tiene en su corazón la Biblia, abierta en el Evangelio de San Juan, recordándonos de manera constante que "la verdad nos hará libres".
Pero ese escudo también lleva nuestras prioridades como nación: Dios, Patria y Libertad. Ese orden no es casual. Es un sistema de valores que coloca la trascendencia, la identidad y la autonomía como los pilares sobre los cuales se construye nuestra dignidad.
EDUCACION CÍVICA Y ETICA
Sin embargo, los símbolos patrios corren el riesgo de convertirse en reliquias del pasado si no los dotamos de sentido en el presente.
Por ello, la importancia de la educación cívica es hoy más apremiante que nunca. No se trata solo de conocer la historia o respetar el protocolo; se trata de comprender que ser dominicano conlleva una responsabilidad ética.
La formación ciudadana es el escudo moderno contra la indiferencia y el individualismo. Una nación que conoce sus raíces es una nación que no se deja doblegar por las corrientes del relativismo o la injusticia.
PATRIA Y JUSTICIA
Para quienes integramos el Poder Judicial, esta fecha adquiere una dimensión especial. La justicia es, en esencia, el sostén del Estado dominicano.
Sin justicia no hay estabilidad; sin justicia no hay continuidad democrática; sin justicia, la sostenibilidad de nuestro desarrollo económico y humano se vuelven una quimera.
Un Estado se mide por la solidez de sus instituciones, y la justicia es la piedra angular que evita que el edificio de la República se desmorone ante las presiones de la arbitrariedad o la violación de la ley.
La ética judicial no es una opción; es un imperativo patriótico. Cada vez que un juez dicta una sentencia apegada a la ley y a la verdad, está honrando el trabucazo de Mella.
Cada vez que un servidor administrativo atiende con integridad y respeto a un ciudadano, está defendiendo el blanco de nuestra bandera.
La ética es el lenguaje con el que la justicia le habla a la nación, y es la única vía para construir esa confianza pública que es el oxígeno de la democracia.
CRECIMIENTO
Vivimos en un país en constante crecimiento. República Dominicana es hoy un referente de estabilidad y resiliencia en la región.
Pero ese crecimiento sería hueco si no viniera acompañado de una justicia que garantice la equidad y el respeto a la dignidad de cada persona.
El desarrollo humano solo es real si se vive en un entorno de paz social, y esa paz solo es sostenible bajo el imperio de la ley.
Hoy, ante esta bandera que es espejo de nuestra alma nacional, debemos preguntarnos: ¿Qué patria estamos construyendo desde nuestros escritorios, desde nuestras salas de audiencia, desde nuestras oficinas?
El sacrificio de los Trinitarios no fue para que tuviéramos un país simplemente libre, sino para que tuviéramos un país justo.
La justicia es la garantía de que el sacrificio de nuestros padres de la patria no fue en vano. Es el compromiso de que los sueños de Duarte se traduzcan en realidades para el dominicano de a pie. Es la promesa de que la libertad que Sánchez defendió hasta el patíbulo, sea protegida hoy por tribunales independientes y honorables.
CIERRE
¡Jueces y Servidores judiciales de la República!
Nuestra labor es la forma más elevada de servicio cívico. Somos los guardianes de la Constitución que aquellos hombres idearon.
Por eso, en este día de júbilo y reflexión, les invito a renovar su compromiso con la excelencia.
Que cada decisión tomada y cada proceso realizado sea un reflejo de la integridad que nuestra historia nos demanda.
Que nuestra inspiración sea el General Ramón Matías Mella, quien en los momentos de mayor incertidumbre no vaciló. Inspirémonos en su coraje para enfrentar los retos del presente con la misma determinación con la que él enfrentó la noche de aquel glorioso 27 de febrero.
No hay mayor acto de patriotismo en un Estado de Derecho que ejercer la justicia con integridad, valentía y desprendimiento; pues solo cuando la ley es igual para todos, la Patria que soñaron nuestros fundadores se hace verdaderamente eterna en el corazón de su gente.
Sigamos adelante, con la frente en alto y el corazón encendido por el orgullo de ser dominicanos, trabajando incansablemente por una justicia que sea, en todo momento, garante de la dignidad, la paz y el progreso de nuestra amada República.
¡Que vivan nuestros padres de la patria!
¡Que viva nuestra Bandera Nacional!
¡Que viva nuestro Escudo Nacional! y
¡Que viva la República Dominicana!
Muchas gracias.


